jueves, diciembre 04, 2025

Nuestra doctora

Encontré al amigo P.O. en la sala de espera del ambulatorio. Al parecer, teníamos adjudicada la misma profesional.

Quedamos para tomar unas cañas a la salida de la consulta.

Me comentó que había advertido a la doctora, que dejó de tomar varios de los medicamentos prescritos por no soportar sus efectos secundarios, toda vez que no pensaba renunciar a su vida desordenada, incompatible con las saludables recomendaciones que había recibido.

Nuestra doctora lleva años atendiéndonos, es amable -también rígida-, y es paisana, (dicho en términos de proximidad, a todos niveles; en absoluto ninguna connotación racista).

Un tiempo más tarde me enteré que P.O. había muerto.

Comenté esta desgracia a la doctora en la siguiente visita.

Paró de un plumazo una exigible confidencialidad entre pacientes, a la vez que su respuesta está en el top de los consejos que nunca agradeceré suficiente:

COSECHAS LO QUE SIEMBRAS, ¿SABES?.


4 comentarios:

D.F. dijo...

Pues si P.O. se ha muerto a gusto es quizas mejor que alargar lo inevitable, no se, cada caso es diferente.
Un saludo

Toy folloso dijo...

Tuvo mucho que ver el perjudicarse uno mismo.

Joaquín Rodríguez dijo...

Siento el fallecimiento. Es crónica de una muerte anunciada, pero es verdad que ante el fin toda victoria es siempre temporal.

Pedro M. Martínez dijo...

Hasta aquí he llegado. Hoy. Pues oye, bien, que me ha gustado. Seguiré. Gracias.