Aunque partidario de un crecimiento cero, sufro por las personas que no tienen donde cobijarse, o que para hacerlo son expoliadas.
Voy a comprar un artículo del cual la tienda solo tiene tres modelos de un único color. Le suministra un almacén, y a éste un mayorista y a el otro un importador; logicamente, cada fase encarece el producto...
Buscando el mismo artículo por Internet, se podrá elegir entre multitud de modelos y colores, saldrá más barato y lo traerán casa con rapidez.
Por tanto, a nadie debe extrañar el volumen de bajos comerciales que fueron tiendas y que el progreso obligó a cerrar.
Bajos comerciales a los que se podría proyectar una redistribución, para convertirlos en vivienda; algo a lo que muchas corporaciones locales no están dispuestas, ¡pero sí a que continúen alquilando mínimas e inmundas habitaciones!-. Aun disponiendo de suministros, adecuar el local a su nueva función posiblemente sea oneroso, pero peor es tenerlo cerrado.
Además, aumentando la oferta de vivienda disponible, inmediatamente bajarían los estratosféricos precios actuales.
Luego está lo de las muchísimas casas y pisos vacíos, cerrados. Y así van a continuar, si los últimos inquilinos fueron morosos, hubo que tirar de juzgado para echarlos, y salieron destrozando todo...
¿Quién convence a esos propietarios para que alquilen de nuevo?.


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