Proteger el soporte y embellecer, esa es la función de la pintura.
Volvamos a la historia. Las primeras carrocerías se fabricaban a mano, con chapa de hierro de casi un milímetro de espesor.
En la actualidad se emplean chapas más livianas, estampadas, de hierro y carbono -por tanto, aceradas-, de unos 0'7 milímetros, en el exterior, con refuerzos más gruesos y endurecidos en la estructura.
Antiguamente se pintaba a pistola la imprimación -primera capa de adherencia al hierro-, luego el esmalte de acabado, y en los bajos, una gruesa protección obtenida de alquitranes.
El hierro es más sensible a la corrosión que el acero, y con aquel sistema de pintado, quedaban muchos recovecos desprotegidos, por los que se colaban barros y humedades, empezando las temidas oxidaciones, ¡que pueden llegar a debilitar y llenar de agujeros al auto!.
Desde hace unos 25 años, la chapa de las carrocerías recibe un tratamiento de zincado, sumergiéndolas después en unas bañeras de imprimación especial para adherirse al zinc, para posteriormente pasar a la zona de pintura donde unos operarios pintan zonas de difícil acceso -tal vez, ya ni eso-, encargándose los robots de pulverizar el esmalte de acabado al exterior. Lo mismo en los procesos en que se emplea aluminio para reducir peso del vehículo.
Respecto a las partes del coche que son de plástico -sobre el cual la adherencia es problemática-, se formulan unas imprimaciones mitad pintura, mitad ácido; mientras la pintura no seca, el ácido ataca químicamente al plástico soldándose a él. Luego, al secar, continúa la fase de pintura, adicionándose ésta, en este caso, con un agente flexibilizante.
En otro post me salió casi lo mismo: https://toyfolloso.blogspot.com/2024/11/explico-lo-de-la-pintura-de-los-coches.html.
Es mi oficio.
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