...que, en un alarde de modernidad, una dama me había tirado la caña, directamente, sin subliminaldad. Que sí, que entrara en su casa, que se iba poner cómoda, pero el mini batín no duraría ni diez segundos en su lugar; me mostraría su sexo no demasiado lejos de mi cara y pediría darse un toque con el succionador para que la pepitilla fuera cogiendo volumen y lubricación. Luego...
Ha sonado el despertador, ¡hostiaputa!.


1 comentario:
Y se ha producido una tirantez, una interconexión epidérmica, ¡que me han desaparecido las bolsas de bajo los ojos!.
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