A Fitor. Un núcleo deshabitado de las Gavarres, que queda entre Palamós y la Bisbal d'Empordà. Una foto:
De regreso, saqué la cámara para fotografiar unas encinas a las que habían quitado la falda.
Con la máquina de retratar desenfundada, dejé constancia de la altura que alcanzan los pinos cuando la zona y el clima es de su agrado. Pinos que, por ser espécie no autóctona, de madera ordinaria y muy combustible, tengo entendido que no dejan replantar.
¿Y a éste que le habrá pasado?, ¿las lombrices procesionarias se lo han comido?, ¿o la sequía de años anteriores?. Bueno, tal vez haya sido el fin impacable del ciclo vital...
Algo que no tardará a ocurrirle a este -diría-, ciprés okupado.
Pasando por otro pinar, veo y fotografio un escasísimo cerezo silvestre.
Función "macro", y, ¡mira qué cerezas verdes!. En tres semanas regresaré con el cesto.
Regresando a la villa, documento que todos los mansos de las afueras y cercanos al monte, han sido reconvertidos en segundas residencias privadas, ¡a solo quince quilómetros de las playas de la Costa Brava centro, fíjate!.
Otra foto más.
¿No querá cobrar algo Blogger por un post de estos tan largos?.













2 comentarios:
Esas edificaciones de piedra deben estar bien cerradas. Y parece que están en buen estado. Siempre tengo curiosidad por saber cómo están por dentro.
Está la iglesia, muchas veces expoliada, el cementerio de al lado, ídem., y un restaurante casi siempre cerrado por no ser rentable su explotación. Se puede subir en coche.
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