El cazador, al coronar la cima en busca del ave, vio que en el lugar donde debía buscarla había un rebaño paciendo.
Se dirigió al pastor.
- Oiga, que he abatido a una perdiz y ha caído por esta zona.
- Entre las seis y media y las siete menos cuarto serán ahora.
- No le he preguntado la hora, sino acerca de un ave a la que he disparado.
- Fíjese en el sol, lo alto que está; falta un buen rato aún para las siete.
- No me creo que no haya visto caer a la perdiz.
- Hasta las ovejas saben la hora, vea como empiezan a regresar al corral.
- Este tío no se entera de nada y yo me vuelvo a casa de vacío. ¡Hay que joderse!.
- Bueno adiós; no esté mucho rato aquí, que ya cae relente...

Luego de terminar la veda, un día el cazador fue a dar un paseo con amigo para mostrarle los terrenos del coto. Divisó a lo lejos el pastor con su rebaño.
- Ven, que vamos a reírnos un rato, ¡ese pastor está más sordo que una tapia!.
Se acercaron.
- Hola pastor, ¿verdad que además de sordo, está tonto?.
- Guisada con patatitas y coles de Bruselas, estuvo realmente suculenta la perdiz. Y sí, a veces simulo sordera, pero ya veis que de tonto nada.
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